Crisis de deuda en Italia, ¿en qué situación nos encontramos?

En las últimas semanas estamos asistiendo en Italia a una crisis de deuda soberana que está teniendo consecuencias en los mercados financieros de renta fija y de renta variable del resto de Europa. No hay que olvidar que se trata de la tercera economía más grande de la zona euro.

Los motivos de esta crisis vienen motivados por la existencia de un gobierno de corte populista en un país con un 130% de deuda pública sobre el PIB (Producto Interior Bruto o producción de riqueza de la economía de un país en un año) y sus desacuerdos con la Comisión Europea en los niveles a alcanzar de déficit sobre el PIB. El déficit es la relación entre la diferencia en euros de los gastos e ingresos de un país y la cifra total del PIB. Pues bien, el Gobierno italiano ha presentado ante la Comisión Europea unos presupuestos que prevén un déficit del 2,4% sobre el PIB para 2019 (el triple de lo inicialmente pactado), 2,1% para 2020 y 1,8% para 2021, como consecuencia de una subida del gasto público de 37.000 millones de euros. Por primera vez en la historia del euro, la Comisión Europea devolvió el pasado 23 de octubre un proyecto de presupuestos a un país.

Esta situación económica provoca las dudas sobre la solvencia del país (capacidad de devolución de su deuda). A su vez, esto tiene como consecuencia que los inversores exijan una rentabilidad mayor por prestar dinero al Estado italiano. Esta mayor rentabilidad tiene en la otra cara de la moneda un aumento de los intereses que paga Italia y una bajada en la cotización -y en consecuencia del precio- de los activos de renta fija ya en circulación (los inversores prefieren las nuevas emisiones por ser más rentables y está desigualdad se ajusta vía precios bajando las cotizaciones de los activos ya en circulación para hacerlos igual de atractivos). Como consecuencia de un aumento de los intereses pagados se incrementan los gastos financieros previstos por el país y en consecuencia el conjunto del gasto. Es por eso, que también aumenta el déficit esperado sobre PIB por encima de las previsiones oficiales del Estado italiano. Por lo tanto, la solvencia de la deuda del país a ojos de los mercados financieros se reduce más todavía, entrando así en un círculo vicioso de crisis de deuda y de confianza de los inversores. Lo explicó muy bien el Fondo Monetario Internacional (FMI) el pasado 13 de noviembre cuando dijo que el aumento de la demanda agregada (consumo e inversión) debido a un mayor gasto público se va a echar a perder por el mayor coste de la deuda dado que los inversores van a exigir tipos de interés más altos y por lo tanto van a presionar a la baja sobre el precio de los títulos de renta fija.

Para entender mejor el contexto de la negociación entre el gobierno italiano y la Comisión Europea en el déficit sobre el PIB que deben considerar los presupuestos del país, hay que tener en cuenta diversos factores:

  • El gobierno es consciente de que la gran mayoría de la población está de acuerdo con sus políticas de aumento del gasto público. Más del 60% de los italianos volverían a confiar, a día de hoy, en los partidos que sustentan el Gobierno, esto es, la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. En paralelo, el apoyo de la ciudadanía a la Unión Europea es muy bajo en Italia. Sin duda, este factor da fuerzas al Gobierno en sus negociaciones con Europa.
  • El Gobierno italiano no ha revisado los presupuestos enviados tal y como se le instó, por lo que avoca a Bruselas a abrir un procedimiento de déficit excesivo que podría conllevar sanciones de hasta el 0,2% del PIB, unos 3.500 millones de euros.
  • El Gobierno italiano ya ha sugerido que una prima de riesgo (diferencial de rentabilidad entre el bono italiano y el bono alemán) que llegue a los 400 puntos básico (4% de rentabilidad) haría reconducir su postura.
  • Existe la posibilidad de una rebaja de la calificación crediticia, lo que haría que el Banco Central Europeo deje de comprar bonos italianos en base a su programa de compra de deuda QE (Quantitative Easing) y por lo tanto baje la demanda de los mismos y en consecuencia aumente su interés (TIR) y  su prima de riesgo.

En base a todo esto, lo más probable es que en los próximos meses -tras muchos tiras y aflojas- se llegue a un acuerdo con algunas concesiones de ambas partes. Ese acuerdo haría recuperar la parte de las bajadas de los mercados financieros -de renta fija y de renta variable- que se deba a esta crisis. Si el precio de un activo de renta fija emitido con un valor nominal de 100 cae, por ejemplo, a 90, como consecuencia de un descenso en su cotización, la rentabilidad que tiene por delante habrá aumentado porque salvo quiebra del emisor otra vez volverá a valer 100 a vencimiento. Recordar que los mercados de renta fija, salvo quiebra del emisor, siempre vuelven sobre sus pasos.

Jose Mauro Pozo Gómez (Profesor del Máster en Asesoramiento Financiero y Seguros de la UPV)

 

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