
Durante meses veníamos anunciando que la Savings and Investments Union (SIU) de la Unión Europea estaba cada vez más cerca en términos de propuestas regulatorias y recomendaciones comunitarias. Hoy ya no hablamos solo de expectativas: España ha iniciado un proceso formal que da pasos concretos hacia ese objetivo, aunque sigue siendo una fase inicial y abierta a aportaciones.
España activa la consulta pública sobre la Cuenta de Ahorro e Inversión (SIA)
El Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, dirigido por Carlos Cuerpo, abrió el 30 de diciembre de 2025 una consulta pública previa para recabar opiniones y sugerencias sobre el diseño de una nueva Cuenta de Ahorro e Inversión (Savings and Investment Account, SIA) que se implemente en España, así como sobre la aplicación del sello “Finance Europe”, destinado a identificar productos de inversión de largo plazo con foco en activos europeos.
Este proceso de consulta no es la normativa en sí, ni el producto disponible en la práctica, sino una etapa de recopilación de aportaciones que servirá de base para elaborar las posibles normas y especificaciones técnicas de la cuenta en el contexto de la SIU.
La consulta pública está abierta hasta el 30 de enero de 2026, lo que significa que hasta esa fecha cualquier persona, entidad o profesional interesado puede enviar sus comentarios y propuestas sobre varios aspectos clave.
Cuestiones clave planteadas en la consulta
Entre las preguntas concretas y cuestiones que se plantean en el documento de la consulta se encuentran, por ejemplo:
- ¿Cómo debería configurarse la cuenta de ahorro e inversión? ¿Qué importes mínimos o máximos debería permitir y cuántas cuentas podría tener cada persona?
- ¿Qué tipo de activos financieros deberían ser elegibles para invertir a través de esa cuenta (por ejemplo, acciones, bonos, fondos de inversión)?
- ¿Qué características deberían tener los proveedores autorizados y bajo qué condiciones deberían ofrecer ese producto?
- ¿Qué costes y comisiones serían aceptables y cómo garantizar transparencia para los usuarios?
- ¿Qué requisitos de supervisión y difusión serían necesarios para que la cuenta sea utilizada de manera efectiva por los ahorradores?
Además, la consulta invita a proponer ideas sobre cómo difundir el uso de esta cuenta entre la población española y sobre cómo debería articularse la supervisión de ese producto financiero una vez implantado.
Este ejercicio de consulta pública está directamente vinculado a la recomendación de la Comisión Europea del 30 de septiembre de 2025, que propone fomentar la disponibilidad de cuentas de ahorro e inversión dentro de la estrategia de la Unión del Ahorro y la Inversión para promover la participación de los inversores minoristas en los mercados de capitales
Del discurso europeo al primer movimiento nacional
Hasta ahora, la SIU había vivido sobre todo en documentos estratégicos, comunicados de la Comisión Europea y debates regulatorios de alto nivel. España, con esta consulta pública, empieza a traducir ese marco europeo en una posible herramienta concreta.
La idea es conocida: una cuenta de ahorro e inversión que facilite que parte del ahorro de los hogares —tradicionalmente concentrado en depósitos o vivienda— pueda dirigirse a los mercados financieros europeos y, con ello, a la financiación de empresas y proyectos estratégicos.
Conviene subrayarlo: no hablamos todavía de incentivos fiscales definidos, ni de un diseño cerrado, ni de un calendario inmediato. Estamos en una fase inicial, exploratoria, en la que se están recogiendo opiniones sobre límites, funcionamiento, comisiones o supervisión.
Pero en política económica, abrir una consulta pública ya es una decisión.
La buena intención no garantiza el buen resultado
Que el instrumento esté en fase de diseño es una oportunidad… y también un riesgo.
La oportunidad es evidente: repensar cómo los ciudadanos se relacionan con el ahorro y la inversión, y corregir una inercia histórica de baja participación en los mercados financieros.
El riesgo es igualmente claro: crear un vehículo sin preparar al usuario.
Convertir ahorro en inversión no es solo un cambio de cuenta bancaria; es un cambio de mentalidad. Y ese cambio no ocurre de forma automática por el mero hecho de que exista un nuevo producto.
Si el proceso no va acompañado de un esfuerzo serio por mejorar la comprensión financiera de los ciudadanos, muchos seguirán viendo la inversión como algo lejano, arriesgado o reservado a otros. En ese escenario, la cuenta podría existir… pero quedarse infrautilizada.
Ahorradores que deben aprender a pensar como inversores
Aquí está, en mi opinión, uno de los puntos clave del debate.
La SIU parte de una realidad incuestionable: en Europa hay ahorro, pero falta cultura inversora. No se trata de empujar a nadie a asumir riesgos que no comprende, sino de ayudar a los ahorradores a entender qué significa invertir, por qué el largo plazo importa y cómo se gestionan los riesgos.
Distribución de los Ahorros de los Europeos

Este proceso exige tiempo, pedagogía y coherencia regulatoria. Exige explicar que:
- No todo riesgo es especulación.
- No toda volatilidad es pérdida.
- No invertir también tiene costes, especialmente en términos reales.
Si este paso no se da, la cuenta será solo un envoltorio nuevo para viejos miedos.
¿Qué debería observar un asesor financiero en España?
Para el asesor financiero, esta fase inicial es especialmente relevante. No porque mañana vaya a cambiar su trabajo, sino porque marca la dirección en la que se moverá el entorno.
La integración de mercados, la simplificación de vehículos de inversión y el intento de movilizar el ahorro minorista apuntan a un escenario en el que:
- Los clientes tendrán más opciones (y más dudas).
- El acompañamiento profesional será más necesario.
- La calidad del asesoramiento importará más que el producto concreto.
Entender bien esta fase, sus límites y sus tiempos es clave para no generar expectativas irreales y para preparar conversaciones más maduras con los clientes.
Un primer paso necesario, pero insuficiente por sí solo
La SIU en España no es todavía una realidad tangible, pero ya ha salido del plano teórico. La consulta pública es solo el inicio de un proceso largo, complejo y lleno de decisiones relevantes.
Si se hace bien, puede contribuir a que el ahorro empiece a transformarse en inversión de forma más consciente y eficiente.
Si se hace deprisa o sin acompañamiento, corre el riesgo de quedarse en una buena intención más.
Estamos, por tanto, ante un momento que exige prudencia, análisis y visión a medio plazo. No para celebrarlo sin matices, sino para construirlo con criterio.
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