Esta semana, la verdadera novedad en el desarrollo de la Savings and Investments Union (SIU) en España no viene tanto de los planes gubernamentales —sobre los que ya hemos reflexionado recientemente— como de la propuesta concreta presentada por Bolsas y Mercados Españoles: los Planes Personales de Inversión (PPI).
Por primera vez, se plantea de forma estructurada un instrumento diseñado específicamente para facilitar que los ciudadanos canalicen su ahorro hacia los mercados de capitales, con reglas claras, fiscalidad simplificada y una orientación decididamente europea.
Para asesores financieros, inversores y profesionales del sector, los PPI representan mucho más que un nuevo producto: anticipan un cambio profundo en la manera de entender el ahorro, la inversión y la relación entre familias y mercados.

Últimas novedades
En el marco de la SIU, BME ha propuesto la creación de los Planes Personales de Inversión como respuesta a las crecientes necesidades de financiación de la economía española.
Estos PPI se conciben como una cuenta o cartera integrada por una selección predefinida de activos financieros, con las siguientes características principales:
- Inversión en acciones, bonos corporativos, ETF europeos, derivados simples y vehículos como los ELTIF.
- Intercambio de activos sin coste fiscal.
- Fiscalidad anual simplificada.
- Sin límites de aportación.
- Sin permanencia mínima.
- Retiradas libres.
- Traspasabilidad total.
- Comercialización abierta a todas las entidades autorizadas.
Su objetivo declarado es triple: atraer el ahorro familiar, aumentar el número de inversores y reforzar la cultura financiera.
En paralelo, sigue en marcha la consulta pública del Gobierno para crear una cuenta de ahorro con incentivos fiscales, destinada también a movilizar el ahorro privado. Aunque esta iniciativa ya fue analizada en un artículo anterior, conviene recordar que ambas propuestas avanzan en la misma dirección estratégica marcada por la Unión Europea.
¿Qué suponen realmente los PPI?
Los Planes Personales de Inversión responden a una realidad evidente: en España, gran parte del patrimonio familiar permanece inmovilizado en depósitos, efectivo e inmuebles.
Actualmente:
- El 35% del patrimonio está en efectivo y depósitos.
- Tres cuartas partes se concentran en inmobiliario.
- La diversificación financiera sigue siendo limitada.
Este modelo tiene un coste oculto: baja rentabilidad, menor financiación empresarial y mayor vulnerabilidad ante cambios económicos.
Los PPI intentan romper esta dinámica ofreciendo:
- Simplicidad operativa.
- Estabilidad normativa.
- Incentivos fiscales.
- Accesibilidad para el pequeño inversor.
Desde una perspectiva profesional, es una propuesta coherente: elimina muchas barreras psicológicas y técnicas que frenan hoy la inversión minorista.
En mi opinión, su principal valor no está solo en la fiscalidad, sino en la creación de un “marco mental” favorable a la inversión a largo plazo.
Implicaciones para asesores e inversores
Este nuevo escenario abre oportunidades claras:
Para el asesor financiero:
- Mayor demanda de planificación patrimonial.
- Necesidad de dominar productos europeos.
- Refuerzo del asesoramiento a largo plazo.
- Más peso del acompañamiento frente a la mera comercialización.
Para el inversor:
- Acceso simplificado a mercados.
- Menor dependencia del inmobiliario.
- Mejor diversificación.
- Mayor conciencia de riesgo y horizonte temporal.
El mensaje implícito es claro: la inversión deja de ser algo excepcional para convertirse en una práctica normalizada.
Conexión con la educación financiera
Aunque en España todavía no existe formalmente la figura profesional del “educador financiero”, tanto los PPI como la iniciativa gubernamental sitúan la formación en el centro del modelo.
BME incluye expresamente el impulso de la cultura financiera entre sus objetivos. La Comisión Europea, por su parte, vincula la SIU a programas de capacitación y mejora de competencias.
Esto refuerza una idea fundamental: sin comprensión real de los productos, la SIU no será sostenible.
No se trata solo de invertir más, sino de invertir mejor.
Desde el entorno de BME se subraya:
“La digitalización, el envejecimiento de la población y el cambio climático están incrementando las demandas de financiación en Europa”.
Y desde la consulta pública:
“Existe un importante potencial de movilización hacia los mercados de capitales”.
Ambas afirmaciones explican por qué este momento es estratégico.
Los Planes Personales de Inversión pueden marcar un antes y un después en la relación de los españoles con los mercados financieros.
Si se implementan con rigor, estabilidad normativa y una fiscalidad adecuada, pueden convertirse en el pilar operativo de la SIU en nuestro país.
Para los profesionales del sector, es el momento de anticiparse, formarse y posicionarse. Para los inversores, es una invitación a abandonar la pasividad financiera y asumir un papel más activo y responsable.
Estamos ante una transición cultural, no solo normativa.
Y quien la comprenda ahora, estará mejor preparado para el futuro.
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