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¿Y si Europa dejara de incentivar productos y empezara a incentivar buenas estrategias de inversión?

La Unión Europea se enfrenta a un desafío de enorme importancia: transformar una parte del enorme ahorro de los hogares europeos en inversión productiva.

Con este objetivo nació la Savings and Investments Union (SIU), una iniciativa destinada a canalizar el ahorro hacia los mercados de capitales, mejorar la financiación de las empresas europeas y reforzar la competitividad de la economía de la Unión.

Sin embargo, este objetivo convive con otra iniciativa igualmente necesaria: la Retail Investment Strategy (RIS), cuyo propósito es reforzar la protección del inversor minorista mediante mayores exigencias de transparencia, control de costes y supervisión de los productos financieros.

Ambas persiguen fines legítimos.

Pero mientras la SIU intenta facilitar el acceso de los ciudadanos a la inversión, la RIS incrementa las obligaciones regulatorias de las entidades financieras, aumentando los costes de diseño, comercialización y supervisión de los productos.

Surge así una pregunta inevitable.

¿Es posible fomentar la inversión y, al mismo tiempo, reforzar la protección del inversor sin multiplicar la complejidad regulatoria?

Quizá la respuesta no consista en decidir qué productos deben comercializarse, sino en definir qué forma de invertir merece ser incentivada.

El debate no debería centrarse en los activos

Gran parte de las propuestas actuales giran alrededor de los activos.

Más inversión en empresas europeas.

Más financiación para pymes.

Más capital para innovación.

Pero quizá el verdadero problema no sea dónde invierte el ciudadano, sino cómo invierte.

No todas las estrategias presentan el mismo perfil de riesgo.

Durante décadas han surgido distintas arquitecturas de inversión que comparten una misma filosofía:

  • amplia diversificación;
  • asignación estratégica entre clases de activos;
  • inversión indexada;
  • costes reducidos;
  • rebalanceos periódicos;
  • horizonte de largo plazo.

Estas estrategias, conocidas habitualmente como lazy portfolios, no pretenden anticipar los movimientos del mercado ni seleccionar los mejores activos de cada momento.

Su objetivo es construir carteras suficientemente robustas para atravesar con éxito escenarios económicos muy diferentes.

Un estándar europeo de inversión robusta

En lugar de incentivar productos concretos o entidades específicas, la Unión Europea podría crear una nueva categoría regulatoria destinada a reconocer aquellas estrategias que cumplan unos criterios objetivos de robustez.

No se trataría de recomendar un fondo determinado.

Tampoco de favorecer a una gestora concreta.

Se trataría de certificar una arquitectura de inversión.

Cualquier entidad podría ofrecer un fondo certificado siempre que respetara las reglas establecidas.

El incentivo dejaría de estar asociado a una marca comercial y pasaría a estar vinculado a la calidad del diseño de la cartera.

¿Qué estrategias podrían servir como referencia?

Existen diversas estrategias multiactivo ampliamente conocidas dentro de la comunidad de inversión pasiva que ilustran esta filosofía.

Entre ellas podrían encontrarse, por ejemplo:

  • Golden Butterfly, diseñada para ofrecer una elevada robustez mediante una combinación equilibrada de renta variable, renta fija y oro.
  • Permanent Portfolio, concebida para afrontar de forma equilibrada inflación, deflación, crecimiento y recesión.
  • Golden Ratio Portfolio, evolución de la anterior con una mayor diversificación entre activos financieros y reales.
  • All Seasons Portfolio, orientada a mantener un comportamiento estable en distintos entornos macroeconómicos mediante la diversificación del riesgo.
  • Larry Portfolio, que combina renta variable global con activos defensivos buscando un equilibrio entre crecimiento y estabilidad.

La intención no sería adoptar literalmente ninguna de ellas.

Tampoco afirmar que una estrategia sea universalmente superior a otra.

Su función sería servir como ejemplos de un concepto mucho más amplio: estrategias sencillas, transparentes, ampliamente diversificadas y cuya robustez histórica ha sido ampliamente analizada.

A partir de esa filosofía podrían desarrollarse versiones específicamente adaptadas al mercado europeo.

Europa sí señalaría qué estrategias merecen ser incentivadas

Algunos podrían considerar que esta propuesta supondría que la Unión Europea acabara diciendo a los ciudadanos en qué fondos deben invertir.

En cierto modo, sería cierto.

Pero la diferencia respecto a otras políticas públicas resulta fundamental.

Europa no estaría seleccionando proveedores.

Estaría definiendo un estándar de calidad.

De la misma forma que hoy existen normas comunes para determinados productos financieros, podrían establecerse requisitos para identificar aquellas estrategias de inversión que, por su construcción, favorecen un comportamiento prudente y de largo plazo.

Las gestoras competirían libremente entre sí ofreciendo fondos que cumplieran ese estándar.

El ciudadano seguiría pudiendo invertir en cualquier otro producto.

Simplemente, determinados vehículos recibirían un tratamiento específico por cumplir unas condiciones objetivas previamente definidas.

Compensar el coste de invertir en Europa

Es razonable pensar que una cartera construida exclusivamente con activos europeos presente una menor diversificación geográfica que una cartera mundial.

Esa menor diversificación puede traducirse en una rentabilidad esperada ligeramente inferior y en una mayor exposición al riesgo específico europeo.

En lugar de ignorar esta realidad, la política pública podría reconocerla y compensarla.

Una posibilidad consistiría en establecer ventajas fiscales sobre la parte de menor riesgo de estas estrategias.

Los rendimientos procedentes de depósitos o renta fija incluidos dentro de estas carteras certificadas podrían disfrutar de un tratamiento fiscal especialmente favorable.

El resultado sería una mejora de la rentabilidad neta de la estrategia, compensando parcialmente el coste esperado de renunciar a una diversificación mundial completa.

Reducir el riesgo incentivando el largo plazo

La segunda pieza de la propuesta aborda el principal freno de muchos ahorradores: el miedo a perder su capital.

Una característica especialmente interesante de las estrategias multiactivo robustas es que su comportamiento mejora conforme aumenta el horizonte temporal.

Sin entrar en garantizar cualquier inversión, podría establecerse un mecanismo de protección del capital condicionado exclusivamente al mantenimiento de una estrategia certificada durante un periodo mínimo previamente definido.

Ese horizonte no tendría por qué ser idéntico para todas las carteras.

Cada estrategia podría tener asociado un plazo distinto en función de la evidencia histórica disponible sobre su comportamiento.

Aquellas estrategias que históricamente han reducido antes la probabilidad de registrar pérdidas nominales podrían acceder a un horizonte de protección más corto que otras con un perfil de riesgo superior.

De esta forma, el incentivo no premiaría el riesgo.

Premiaría precisamente la disciplina necesaria para mantener una estrategia robusta durante el tiempo para el que fue concebida.

Incentivar un comportamiento, no un producto

Quizá ésta sea la principal aportación de la propuesta.

Las políticas públicas suelen incentivar determinados productos financieros.

Sin embargo, resulta discutible que un mismo producto sea adecuado para todos los ciudadanos.

Lo que sí parece razonable es incentivar determinados comportamientos.

Diversificar.

Mantener costes bajos.

Evitar la especulación.

Rebalancear periódicamente.

Invertir con horizontes temporales largos.

En definitiva, fomentar hábitos de inversión cuya eficacia haya sido ampliamente contrastada.

Una posible síntesis entre la SIU y la RIS

La SIU pretende movilizar el ahorro europeo.

La RIS pretende proteger al inversor.

Ambos objetivos pueden parecer contradictorios cuando se centran exclusivamente en la regulación de los productos financieros.

Sin embargo, dejan de serlo si el foco se traslada al comportamiento del inversor.

La creación de un estándar europeo de estrategias robustas permitiría canalizar el ahorro hacia la economía europea mediante vehículos sencillos, transparentes y de bajo coste, al tiempo que ofrecería incentivos alineados con el largo plazo y con una adecuada gestión del riesgo.

Europa no necesita elegir los fondos ganadores del futuro.

Necesita favorecer aquellas formas de invertir que, independientemente de la entidad que las gestione, hayan demostrado ser robustas, comprensibles y sostenibles para el inversor minorista.

Quizá la verdadera oportunidad de la SIU no consista únicamente en movilizar más capital.

Consista en ayudar a que millones de europeos inviertan mejor.

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